Periplo Colectivo es un sistema de movilidad de los ministerios de Innovación y Cultura e Infraestructura y Transporte del Gobierno de la provincia de Santa Fe, que ofrece recorridos gratuitos por la provincia, con la pretensión de acercar a todos la posibilidad de viajar, conocer, encontrarse y compartir historias y costumbres.

La movilidad personal y social como derecho esencial para construir Políticas Públicas de Infancia

Recorrer, moverse, transitar, reconocer y abrazar el paisaje, explorar, comparar, conocer sitios, costumbres, gentes, jugar con las ciudades y la ruralidad, conocer otros niños y otras realidades es una forma significativa e irremplazable de crecer.
El derecho a la movilidad por los distintos territorios es un derecho constitucional, un modo de aprender y sobre todo una manera de construir identidad y pertenencia.
Los primeros años de vida demuestran que la infancia construye sentido de espacio, tiempo, afectos, autoestima y reconocimiento de las diferencias, en el tránsito, en el recorrido de la casa a la escuela o del almacén a la plaza. El camino en sí mismo es una aventura, un paisaje de novedades, encuentros, voces, texturas, colores, una verdadera usina de socialización, apropiación de lenguajes múltiples, valores, construcción de reglas, hábitos y relaciones diversas entre las personas, entre la naturaleza y la cultura.
Viajar, como invitación, como desafío, como cambio y enriquecimiento, para que aparezca el aventurero explorador que es parte de nosotros.
Viajar es dar rienda suelta a lo extra cotidiano, lo distinto, lo nuevo, lo ignorado, lo remoto, lo inesperado y también es descubrir cómo somos integrando grupos, abarcando los lugares visitados, integrándonos e integrándolos a nuestra vida. Conociendo nos vamos conociendo y el mundo se abre ante nuestros ojos y nos dice que es nuestro.
Es imposible pensar y construir políticas de infancia sin pensar en el viajero que somos, en el movimiento para irnos sintiendo parte de comunidades diferentes, de paisajes no conocidos, y a su vez, ir construyendo vivencias de cómo somos, qué nos da miedo, cómo solucionamos problemas y cuánto disfrutamos ante las cosas.
En el Congreso de los Chicos “Hablemos de la felicidad" realizado en octubre de 2013, en el que participaron 4.900 niños de toda la provincia, la movilidad, adquirió una fuerte presencia política. La felicidad, era, en infinitos casos para los chicos de ese Congreso, haber conocido otras ciudades, espacios institucionales y lúdicos, compartir noches y experiencias, estar juntos, hacer circular la palabra y la comida, la imaginación y la emoción seguida de cansancio.
Los chicos nos decían “no me alcanzan los ojos", "es el día más feliz de mi vida", "yo nunca había salido de mi barrio"…
Es responsabilidad del Estado garantizar la movilidad como dispositivo esencial para que la igualdad viva en los pasos y en la mirada de la infancia y para que chicos y grandes puedan encontrar infinitos lugares diferentes y bellos en su provincia natal, sentirse ciudadanos queridos, cuidados y santafesinos capaces de adueñarse de la historia de su provincia y sus diferentes realidades.
Un periplo colectivo para ser más y saber más, saber quiénes somos, ampliar el mundo, el futuro y nuestra propia esperanza de cambio y realización.

El viaje pedagógico

Las ciudades brindan a cada habitante un conjunto de aprendizajes ineludibles. Es allí, y generalmente jugando, donde los chicos descubren olores, texturas, formas, nociones de espacio y tiempo, se llenan de preguntas, leen infinitos textos que están escritos en paredes, vidrios, carteles, etc. En ella la democracia tiene ojos y manos y rumbos concretos y los derechos
significan gestos, miradas y actos valiosos y necesarios. La ciudad es un texto poderoso para abrazar la vida, atreverse a pensar y convivir, indagar, generar una actitud crítica, proponer, crear y soñar.
Desde esta perspectiva, el territorio se convierte en escenario de múltiples aprendizajes, como infinitos recorridos posibles o imaginados y con un entrecruzamiento particular de pasado, presente y futuro.
Esto implica reconocer que aquí confrontan, discuten, entran en conflicto y a la vez conviven distintas culturas, deseos, modos de vida, pensamientos, políticas y sectores sociales heterogéneos. Es aquí donde los elementos culturales urbanos heredados, transmisibles y construidos a través del tiempo, pueden y deben ser transformados.
El desafío es optimizar el espacio de cotidianeidad pero también ampliar a todos los sectores las posibilidades de acceder a los espacios públicos centrales, reivindicando el derecho a la participación y a la belleza. Estas ideas permiten cruzar sensibilidad estética y ética, hablar de las diferencias, reconocerlas, pensar en horizontes utópicos. El derecho a una identidad plural, construida en forma colectiva y encontrando lazos comunes, basada en los valores de libertad, solidaridad y tolerancia supone ampliar la oferta de convivencia de todos, con todo y entre todos, constituyendo un desafío y una oportunidad para la vida democrática.
Construir una mirada pedagógica del territorio que habitamos requiere una doble operación: la de "salir" y la de "regresar".
"Salir" es producir una distancia (un extrañamiento) de ese lugar por el que transitamos diariamente para poder intervenirlo, transformarlo, volver a mirar, escuchar, tocar, oler, volver a decir y a nombrar. Es también la posibilidad de abrirse a otros espacios aprovechando la amplia malla de experiencias culturales con un fuerte impacto simbólico e indentitario que se teje en cada ciudad.
"Regresar" es, como en todo viaje, la posibilidad de repensar y construir sentido sobre las experiencias vividas. Sentido que se encontrará tanto en la selección y el recorte de imágenes, recuerdos y evocaciones que nos marcaron, como en los objetos materiales que recogimos en nuestro equipaje.
La realidad y la ficción nos dicen que los viajes siempre fascinaron al hombre. En todas las épocas hubo aventureros que se lanzaron a tierras desconocidas, algunos por el sólo placer de la aventura, otros por ambición, necesidad, rebeldía o hasta por accidente y azar.
Ulises, Colón, Eric el Rojo, El Corsario Negro, Sandokán, Moisés, Jasón, Perseo, Armstrong, el Che son algunos de los ejemplos imaginarios o de la vida real a los que podemos acudir para comprender que, haya o no regreso, nada se vuelve a ver como antes de partir.
Estamos pensando, entonces, el aprendizaje como un viaje, como un riesgo y un desafío. Partimos con nuestro equipaje, para conocer, percibir, sentir y regresar siempre distintos.... siempre a otro lugar.

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